Copy

Por: Laura Loncopan Berti

¡Hola!

¿Cómo estás? Nos encontramos en otra jornada de este apocalipsis que hemos denominado 2020.

El 55% de los casos de coronavirus del país están concentrados en ocho provincias en este momento. Una de ellas es Neuquén, que hace cuatro semanas consecutivas registra una capacidad plena de ocupación de las unidades de cuidados intensivos. Las camas del sistema público están llenas de pacientes de entre 40 y 55 años. El gobierno de Omar Gutiérrez adoptó una serie de medidas, con escaso consenso por la disparidad en el acatamiento de los municipios. De las 57 localidades de la provincia, 39 ya registraron personas con diagnóstico positivo.

Hasta el estadio Ruca Che, cuna de la Generación Dorada, se convirtió desde el viernes pasado en un centro de testeo.

Espacio Publicitario
Todos decían que yo era lo peor

Hay sectores que cuestionan que este sea el contexto indicado para discutir un proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo, debido a que el sistema de salud está estresado por la emergencia sanitaria.

La Campaña Nacional plantea que la ilegalidad es lo que verdaderamente ocasiona un perjuicio, ya que según las últimas cifras oficiales de 2016, en Argentina se producen 39.025 internaciones por abortos inseguros anuales (647 en Neuquén, 904 en Río Negro), es decir personas que llegan con complicaciones que se podrían haber evitado.

Durante el debate legislativo de 2018 se repitió hasta el cansancio que en nuestro país no había presas por abortar, y que el caso de Belén en Tucumán había sido aislado. El libro "Dicen que tuve un bebé", siete historias en las que el sistema judicial encarcela mujeres y a casi nadie le importa pone en jaque esta afirmación.

La obra de tres abogadas -Natalia Saralegui, Maria Lina Carrera y Gloria Orrego Hoyos- examina expedientes judiciales en los que se condenó a mujeres que atravesaron eventos obstétricos involuntarios y traumáticos. En la mayoría de los casos las acusadas no sabían que estaban embarazadas, nunca habían accedido a un control de salud, o eran gestaciones producto de violaciones.

En cada capítulo se desarrolla una historia, en la que se narra el recorrido de la causa con rigurosidad, sin presumir un lenguaje judicial que marca distancia y jerarquías. Por el contrario, hay mucha descripción en tono de crónica y en cada uno un cierre en el que se profundiza sobre algún aspecto teórico que el caso ilumina.

De las siete mujeres condenadas, algunas lograron la absolución cuando se revisó la sentencia de juicio, otras continúan presas, con penas de ocho años hasta perpetua, con arresto domiciliario y hay una de ellas que murió en la cárcel a los 40 años.

El caso más conocido que está incluido es el de Rosalía, de Bahía Blanca. La joven criaba cuatro hijos y trabajaba en el frigorífico de pollos La Gleba. Entraba a las cuatro menos diez de la mañana y terminaba a las diez u once de la noche. No tenía obra social, ni derecho a vacaciones. Si faltaba un día, se lo descontaban. Le habían advertido que no volviera a embarazarse.

El 18 de mayo de 2005  fue a trabajar. Al regresar se descompuso, comenzó con contracciones, fue al baño y tuvo un parto. Se desmayó, cuando recobró la conciencia vio sangre por todos lados. Con un cuchillo cortó el cordón umbilical. Lo ató. Fue a asistir a la beba y estaba muerta. La envolvió en una mantita. Al día siguiente le pidió ayuda a la psicóloga de su hija más grande y esta llamó a la policía. Repartieron a sus hijos en hogares, a ella la llevaron al hospital Penna y luego a una comisaría:

"Ahí la pasé mal. En la misma celda éramos 8 o 9. Me tiraron agua caliente, me maltrataron, me hicieron cosas las mismas presas. Por la carátula y por lo que salía en los medios. Se escuchaba mucho las noticias. Todos decían que yo era lo peor."

Un año después Rosalía fue excarcelada. Concurrió a las audiencias de juicio y se enteró que era muy posible que la condenaran a prisión perpetua. Se escapó con sus hijes:

"Digo no, no. No quería que mis hijos, que eran muy chiquitos, quedaran sin contención. Me fui. Me fui a lo de una familia conocida, les conté la verdad y me ayudaron. Estuve mucho tiempo. Hice frente a la situación y salí a trabajar para darles de comer a mis hijos. Atendía un lugar donde vendían artículos de limpieza. Después la señora me dice: "me gusta como trabajás, mi hija necesita una chica de confianza para limpiar". En un country privado. Ahí estuve mucho tiempo."

Doce años más tarde, el 13 de junio de 2019, Rosalía se encontraba con su hija de cuatro años esperando un subte de la línea C de Retiro. La llevaba a un centro médico donde la trataban por un problema al corazón. Las cámaras de reconocimiento facial de la estación detectaron sus datos biométricos y un alerta indicó que tenía un pedido de captura. En el segundo juicio la fiscal solicitó perpetua y dijo:

"Una mujer que ya tuvo cuatro hijos no puede ignorar que el corte umbilical debe atarse antes de cortarse".

Le impusieron ocho años de prisión, tras encontrarla responsable por no brindarle la asistencia necesaria a la beba. Le otorgaron el arresto domiciliario. Desde el 19 de marzo de 2020 cumple la pena en la casa de su hermana:

"Como necesita trabajar, montó un pequeño emprendimiento de venta de comida. Hace empanadas y milanesas y también cocina pastafrola."

Sus compañeros de trabajo declararon que nadie sabía que la joven estaba embarazada. Foto La Nueva.

Esta vez una red feminista la cubrió y reclamó su absolución y libertad:

"No la pensamos a Rosalía como una víctima que está desvalida, sino que decimos: Rosalía no está sola."

Espacio Publicitario

Charlé con María, una de las autoras de "Dicen que tuve un bebé", sobre los aportes que trae la obra.

-¿Cuál es el propósito del libro, más allá de cuestionar la premisa de que no hay mujeres presas por la ilegalidad del aborto?
-Nosotras queremos demostrar que no solo hay más casos como el de Belén, en Argentina y en la región, sino que hay actualmente mujeres criminalizadas, condenadas y privadas de su libertad por este tipo de hechos, por eventos obstétricos, que no son punibles, que no son delitos, que no fueron voluntarios, y que nosotras entendemos que son perseguidos por la actual criminalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Creemos que de legalizarse, estos hechos podrían ser abordados desde otra perspectiva.

-¿Por qué crees que se produce la invisibilización de estos eventos obstétricos?
-Yo creo que todo el asunto que gira en torno a la maternidad y lo que es ser una buena madre, las expectativas sociales, familiares, culturales, mediáticas, judiciales, en todo plano respecto a lo que se espera de una mujer en relación a sus derechos reproductivos. En relación a la maternidad en particular se ejerce mucha presión para que cuando estos casos suceden las mujeres no los puedan contar con total libertad, o no se les crea. En muchos de estos casos los embarazos fueron producto de violencia sexual lo que agravó la situación de las mujeres, lo que incluso las llevó a negar que estuviesen transitando un embarazo. Cuando son detenidas no pueden contar sus historias porque sus vidas se encuentran en peligro.

-¿Hay una retroalimentación entre el discurso de los efectores de salud que asisten a estas mujeres, y que muchas veces originan las causas, y lo que después se construye en el expediente?
-Sí, totalmente. Sobre todo cuando la palabra médica en el mundo judicial no es discutida. Nos encontramos con estudios periciales médicos que decían: "no le creo que no supiera que estaba embarazada" o "no le creo que fue víctima de una violación." Una pericia médica no está para eso, no está para dar una opinión personal. Encontramos ahí una primera alarma muy fuerte sobre la tarea de los efectores de salud y es una investigación que estamos empezando ahora, después de cerrar este primer capítulo de este proyecto ahora nos estamos abocando a investigar qué es lo que sucede con el personal médico, y en particular con la violación del secreto médico profesional.

-En las gestaciones que son producto de violaciones que ustedes cuentan no aparece en el horizonte de posibilidades el aborto
-Algo característico de los casos que identificamos es que nunca habían ido a hacerse un control médico, tampoco tenían información sobre lo que establece el Código Penal sobre los derechos que te asisten cuando sos víctima de un hecho de violencia sexual. Estamos ante provincias que no aplican la ley de Educación Sexual Integral.

-Otro aspecto que aparece es el imperativo de cuidado, que es exclusiva responsabilidad de las personas que están gestando, sin importar ninguna circunstancia, y eso es valorado por los jueces y las juezas que toman decisiones
-No solo la exigencia del cuidado sino de saber qué hacer frente a un parto con criterios totalmente esencialistas sobre lo que una mujer tiene que saber o no tiene saber, por el solo hecho de ser mujer. Una de las chicas relataba que ante este evento obstétrico que había sufrido vio que le colgaba una vena, ni siquiera había podido distinguir que eso era un cordón umbilical o qué hacer frente a esa situación, pero para los tribunales nosotras tenemos que saber qué hacer frente a un parto.

Todo el mundo está mirando

Ayer el Senado de Estados Unidos confirmó a Amy Coney Barrett como la nueva jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por 52 votos a favor y 48 en contra. Trump logró su cometido: consolidar una mayoría conservadora en el máximo tribunal ocho días antes de las elecciones.

Pero no todo es retroceso en materia de derechos humanos. En un plebiscito histórico la ciudadanía chilena respaldó el domingo pasado por un 78,27% el proceso de redacción de una nueva Constitución, que saldrá de una convención integrada por 155 personas, a las que se votará de manera directa, y con paridad de género. Todo el legado de la dictadura pinochetista que cargaba el texto de 1980 será polvo.

No, nunca antes en el mundo las mujeres tuvieron una representación equivalente a la de los varones en una constituyente.

Las protestas que desembocaron en el plebiscito se originaron en un reclamo de jóvenes contra el aumento del boleto de subte. Saltaban los molinetes y cantaban: "evadir, no pagar, otra forma de luchar".

Otro dato a destacar que escuché en esta columna es que el voto en Chile es voluntario. La participación, en plena pandemia, fue superior al 50%.

Al calor de todo este proceso -incluida la represión de los carabineros que derivó en 445 personas con heridas oculares- fue que surgió la performance "Un violador en tu camino" de Las Tesis.

Aún en este año de derrumbes se puede sentir un viento fresco cordillerano en la cara.

Dos perlas antes de irme: si querés ver cómo la fiscalía federal de EE.UU, instruida por el gobierno, sostuvo una acusación fraudulenta contra referentes políticos que participaron en una manifestación en 1968, y violó el derecho de defensa de los imputados, al punto tal que el juez Julius Hoffman ordenó amordazar y encadenar en la audiencia a Bobby Seale, que era el líder de la Panteras Negras, no te pierdas El juicio de los 7 de Chicago (Netflix).

La segunda: Me gustó mucho esta entrevista que le hizo Tamara Tenenbaum, autora del "Fin del Amor", a la escritora neoyorkina, Vivian Gornick, a la que descubrí este año en "Apegos Feroces". Es muy interesante cuando reflexiona sobre las diferencias entre el feminismo de los setenta y la ola generada por el Me Too. Es una charla súper amena y distendida.

Ahora si me las pico. Libertad para Rosalía y hasta la próxima carta.

Espacio Publicitario
¡Gracias por leernos!
¿Tenés sugerencias sobre nuestro newsletter?
Escribinos a este correo y dejanos tu opinión.

 
QUEREMOS SABER MÁS DE VOS
Completá tu suscripción con tus datos personales acá asi podemos brindarte una información más personalizada.
Facebook
Twitter
rionegro.com.ar
Instagram
Copyright © * 2020 Diario Río Negro, Todos los derechos reservados.
Este correo te llegó porque autorizaste el envío de "Diario Río Negro".
¿Ya no querés recibir más este correo?
Podés elegir qué envíos recibir o desuscribirte de todos desde aquí.