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"Gracias Raúl por tus mails y recomendaciones. Siempre aportan valor y reflexión".

Este sencillo email me llegó hace unos días. Lo enviaba Carmen, una suscriptora de esta lista.

Y me alegró la mañana.
 

La enfermera a la que quise agradecer


Hace 11 años y 5 meses fuimos al hospital. Mi mujer estaba de treintaymuchas semanas de embarazo, y nos habían citado para monitorización. Entra en la sala, le aplican el ecógrafo... y caras raras. Más movimiento del ecógrafo. Y más caras raras.

- "No se le escucha bien el corazón al bebé"

No son palabras que quieras escuchar en una monitorización.

- "Vamos a hacer una cesárea"

- "¿Cuándo?"

- "Pues ya mismo"

Insisto, no son palabras que quieras escuchar en una monitorización.

El caso es que hubo que ponerse en marcha. Mientras preparaban a mi mujer, yo volví a casa a por la maletita del nacimiento (afortunadamente ya estaba preparada). También pasé por la guardería del mayor, para avisar de que alguien pasaría a recoger al niño. ¿Quién? Pues mis padres, a quienes tuve que avisar para que se pusieran en carretera. Todo con esa sensación irreal de las situaciones excepcionales (¿visión de túnel, le llaman?). Volví al hospital, y allá que me fui a una sala de espera.

¿A qué? A esperar.

Pasó un rato, no muy largo. Las puertas que daban a la zona de quirófano se abrieron. Apareció una enfermera con un rollito en los brazos. "¿Raúl? Ésta es tu hija. Está bien, y la mamá también. Ahora me la tengo que llevar, pero quería que la vieras y te quedaras tranquilo".

Luego vino la asignación de la habitación, más espera, la subida de las chicas y la tranquilidad de que todo estaba aparentemente en orden. La niña pasó unas horas en observación en la incubadora, y la misma enfermera me acompañó a verla. Igual que se encargó de pasarse por la habitación a ver cómo estábamos varias veces durante nuestra estancia.

Una exploración cardíaca descartó que hubiera problemas, y por fin pudimos irnos a casa.

Fue en aquellos primeros días cuando pensé "jo, debería existir un libro de agradecimientos". Me hubiera encantado usarlo, para darle las gracias especialmente a esa enfermera que puso tanto cariño en cuidarnos bien en una situación complicada.

Y pensé en lo rápido que tenemos el resorte para "pedir el libro de reclamaciones", y lo poco acostumbrados que estamos a lo contrario.


Generoso en los elogios


Decía Dale Carnegie (en su libro "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas"; un libro que no me canso de recomendar, a pesar de su horrendo título) que es bueno ser "caluroso en la apreciación y generoso en los elogios" ("Hearty in your approbation and be lavish in your praise" en el original).

Vamos, justo lo contrario de lo que solemos ser. 

Todo el mundo agradece un elogio sincero y sentido. Sirve para reforzar lo que uno hace. Porque sí, tú puedes creer que estás haciendo las cosas bien... pero coñe, nunca está de más.

Y ya sé que hay gente cínica que piensa que "menos palmaditas en la espalda, y más dinerito". Vale. Pero mira, a veces dinero no puedes dar. Y un buen elogio/agradecimiento es gratis, y tiene gran impacto. Volviendo a citar a Carnegie, "no he encontrado todavía a la persona, por alta o importante que fuera su posición, que no realizara un mejor trabajo y un mayor esfuerzo dentro de un espíritu de aprobación que dentro de un espíritu de crítica".


Una estructura para dar un buen reconocimiento

Te planteo algunas ideas que quizás te sirvan:

  • No tardes en darlo. Cuanto más cercano en el tiempo, más impacto.
  • Indica qué comportamiento concreto es el que quieres reconocer.
  • Relaciona ese comportamiento con cómo te ha impactado, por qué ha resultado importante para ti.
  • No te lo inventes. Los elogios falsos saltan al ojo.

Déjame que termine con una mención para Carmen: Carmen, gracias por tu email. Es un detalle que te tomaras la molestia en enviarlo cuando no tienes por qué. Para mí como creador de la newsletter me sirve de mucho aliento saber que a quienes estáis al otro lado os resulta útil, y me da mucho ánimo para seguir con esta aventura :)

PD.- Una nota, off-topic: hoy se abre la inscripción al Curso "Virtual Trainer" que hace mi amigo Juanda Sobrado en septiembre-octubre. Es un curso que yo hice en junio, y que me pareció muy potente, sobre todo para personas que hayan hecho mucha formación presencial y le tengan "respeto" al online. Para mí lo mejor fue salir del curso con la sensación de que se pueden conseguir experiencias tan efectivas y divertidas en online como en presencial. Y que la tecnología no es algo a lo que tenerle miedo ("ay, y si falla") sino una fuente de oportunidades para conseguir impacto.

Si quieres echarle un ojo (para ti o para alguien que conozcas), aquí. La última vez las 15 plazas se fueron rápido.

Eso sí, te advierto: no es un curso de "me veo unos vídeos a mi ritmo", ni "me lo descargo y ya lo iré haciendo". Es presencial, es participativo, es intensivo. Si no le vas a poner foco, mejor ni te lo plantees.

 
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