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Llevo un par de días inquieto.

Miro de reojo el Whatsapp, esperando esa felicitación especial que cada año, por estas fechas, llega en forma de mensaje.

En 2018 llegó un 23 de diciembre, y decía: "Te deseo Feliz Navidad y que el Año Nuevo esté lleno de Paz para ti y tu familia. Un abrazo enorme".

En 2019 fue un día 21, y decía: "Te deseo una Feliz Navidad y que el Año Nuevo esté lleno de Paz. Un abrazo enorme".

En 2020 cayó el día 22, y decía: "Te deseo: una Feliz Navidad, salud, serenidad y paz. Para ti y tu familia. Un abrazo enorme".

Me pregunto qué dirá este año... ¿alguna combinación que contenga "Te deseo", "Feliz Navidad", "Paz", "Familia"... culminada con "un abrazo enorme"?

Este es un mensaje que me llega (me niego a decir "me manda") de una persona con la que coincidí, profesionalmente, hace unos años. Quedaría en su agenda de contactos y eso, por sí solo, ya me cualifica como receptor de ese mensaje.

No he vuelto a tener ningún contacto con esta persona.

No nos hemos vuelto a ver, no hemos hablado, no sé nada de su vida ni ella de la mía.

El historial de Whatsapp solo contiene esos tres mensajes.

Mira, te voy a confesar una cosa (que, a poco que me lleves leyendo un tiempo, seguro que no te sorprende demasiado): me muevo en el lado Grinch de la Navidad.

Me cuesta convivir con tantos buenos deseos, tanta felicidad impostada, tanta familiaridad inexistente.

Me dan rabia esos mensajes automatizados, genéricos... que pretenden pasar por personalizados.

Me molestan esas felicitaciones aparentemente cálidas de gente a la que no le importas ni un comino.

¿Te parece que exagero?

Puede ser... al fin y al cabo el que habla es el Grinch que hay en mí.

Aun así... si de verdad te importa alguien dedícale aunque sea un minuto de tu tiempo a mandarle un mensaje de verdad.

Uno personalizado.

Uno en el que le llames por su nombre, en el que hagas alguna referencia a sus circunstancias personales o a vuestra relación.

Y ya de traca es si no esperas a la Navidad para hacerlo.

¿Porque sabes una cosa?

A todos nos gusta sentirnos especiales, y pocas cosas gritan "no eres especial" como recibir el mismo mensaje que han recibido decenas o cientos de personas a la vez simplemente "porque toca" y porque no requería más esfuerzo que pulsar un botón (*).

Y así, rebosante de espíritu Grinch, me lanzo a celebrar la Navidad :D

(*) Sí, aprecio la ironía de afirmar esto en una newsletter...

 
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