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Hace muchos años fui al teatro a ver un espectáculo de monólogos.

Se llamaba 5hombres.com (quizás lo recuerdes, tuvo mucho éxito en el Madrid de principios de siglo).

En él, cinco hombres (sorpresa) hacían cinco monólogos basados en las diferencias entre el género masculino y femenino (me pregunto cuánto de eso sonaría casposo a día de hoy... de hecho me pregunto cuánto sonaba casposo ya entonces... pero bueno, esa es otra historia).

El hecho es que, durante la función, se produjo un momento divertido, especial.

A uno de los actores le entró un ataque de risa.

Con la excusa de la risa exagerada de una espectadora, al monologuista le entraron a su vez unas ganas incontenibles de reír, tuvo que parar el monólogo... lo cual, obviamente, generó a su vez una retroalimentación de risas en los espectadores.

Luego recuperó la compostura y siguió el espectáculo.

Pero a todos nos generó esa sensación de haber vivido un momento único, no planificado.

Por azares del destino (vinieron mis suegros de visita, y pensamos que sería buena idea llevarles) unos meses después volví a ver el espectáculo.

Y oh, sorpresa... en un momento dado del monólogo... otro ataque de risa... otro momento "especial"... exactamente igual que el anterior.

¡"Emosido engañado"!

Efectivamente, ese momento aparentemente especial y único... estaba tan guionizado como todo lo demás.

Es algo que, con el paso del tiempo, he visto hacer en otras ocasiones: conciertos, espectáculos, charlas... esos momentos de intimidad, de comunión con el público, de "me salgo del guión solo por ser vosotros"... que están perfectamente planificados.

Es lo mismo que esos anuncios de teletienda, donde "solo ahora, y por tiempo limitado, para los clientes más especiales"...

Y tú vas y picas.

Porque el ego humano es muy grande, y pocas cosas nos gustan más que sentirnos especiales, distintos de los demás.

Como todos los "trucos" de influencia tienen un doble filo: si lo usas bien puede darte una conexión especial.

Pero si te pillan, quedas como un trilero.

Aunque muchas veces, incluso si te das cuenta... funcionan.

PD.- Hice una entrevista con Óscar Fernández Orellana en la que hablamos de influencia y persuasión. De hecho, si te gusta el tema, te recomiendo el podcast del propio Óscar, "Créeme lo que te digo".
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