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"Veo todo en blanco y negro... el vaso acaba siendo amigo mudo..."

Así empezaba una de las canciones más reconocibles de Barricada.

Bueno, si quitamos la parte del vaso... es lo que me está pasando a mí en los últimos días. Al menos cuando miro la pantalla de mi móvil.

Verás, llevo unos días con un experimento: configurar el teléfono para que la pantalla, en vez de su habitual festival de colorines, me muestre una aburrida gama de grises.

¿Por qué?

Pues porque el móvil es un peligro.

Hace unos días escuchaba mencionar un estudio en el que se preguntaba a las personas qué porcentaje de su día se pasaban con el teléfono "al alcance de la mano". No recuerdo las cifras, pero eran llamativas. Sobre todo me hizo pensar en mí mismo... ¿dónde está el teléfono ahora mismo? Al alcance de la mano. ¿Cuando salgo a la calle? En mi bolsillo. ¿Cuando estoy viendo la tele? ¿Cuando me levanto? ¿Cuando voy al baño?

Apuesto a que el tuyo, ahora mismo cuando me lees, no anda muy lejos.

Incluso puede que me estés leyendo en él.

Y no me malinterpretes. No soy yo un neoludita que reniega de la tecnología. El móvil puede ser una herramienta tremendamente útil y enriquecedora, está claro.

El problema es que también puede ser una fuente de distracción masiva.

Y que, de hecho, hay mucha gente muy lista y con mucho dinero empeñada en que sea así. En hacer muy atractivas sus aplicaciones, para que pases mucho tiempo en ellas. En lanzarte notificaciones por todo y por nada. En darte un scroll infinito de contenidos. En apuntar a tu síndrome FOMO ("fear of missing out"), o masajearte el ego a base de likes.

Hace unos años hice un experimento. Me fui unos días de vacaciones con un "dumbphone" (o sea, un teléfono más viejito, de los que todavía no eran "smart"). Fue toda una experiencia (cuento los detalles aquí) el sentir en mis propias carnes la dependencia que he llegado a tener con el aparatito.

Desde entonces procuro luchar contra ella.

Hace ya mucho tiempo que eliminé las notificaciones de las apps.

Me instalé un bloqueador de webs y aplicaciones, con el que al menos limito las franjas horarias en las que me meto "a perder el tiempo". 

Ahora le he añadido la configuración en blanco y negro, para que pierda aún más atractivo.

¿El objetivo? Usar el teléfono cuando necesite usarlo para algo concreto, y evitar al máximo esos momentos de distracciones involuntarias.

Decía James Clear, en su "Hábitos Atómicos", que si quieres erradicar un mal hábito una de las cosas que tienes que hacer es "hacerlo menos atractivo".

Pues eso.

 
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