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Cuando a Suleika le dieron el alta, pensó: "por fin, ya estoy curada".

Después de pasar meses en el hospital, en tratamiento por un cáncer, esta veinteañera pensó que todo volvía a la normalidad. Que ya no estaba enferma, así que (lógicamente) estaba sana. Y que podría recuperar la vida que había quedado en suspenso.

No fue así.

Y no es que recayese de su enfermedad.

No, ya no estaba enferma.

Pero todavía no estaba sana del todo, porque su enfermedad (y su tratamiento) le habían dejado secuelas.

Ya no estaba enferma.

Todavía no estaba sana.

Suleika cuenta su vivencia en el libro "Between two kingdoms", y también habla de ello en una entrevista que le hizo Tim Ferriss (también tiene una charla TED, por si quieres algo más cortito).

Pero no necesitas haber tenido una experiencia tan dura como la de Suleika para reconocer esa sensación de "tierra de nadie", esos momentos en los que algo "ya no", pero su alternativa "todavía no".

En tu trabajo, en tu desarrollo personal, en tus relaciones.

Los sentimientos de pérdida, de incertidumbre, de incomodidad, de frustración, de impaciencia, de búsqueda, de ilusión y de miedo a la vez.

Ese ir y venir entre el pasado que "ya no", y el futuro que "todavía no". 

Todo bien mezclado y agitado.

No es un sitio agradable en el que estar.

Sin embargo, aprender a vivir en esas arenas movedizas es fundamental.

Porque todos, en un momento u otro de nuestras vidas, en lo profesional y en lo personal, vamos a estar ahí.

En ese puente (inestable y quebradizo) entre el "ya no" y el "todavía no".

Suleika hizo un viaje de tres meses por Estados Unidos, intentando (a través de conversaciones con otras personas que habían experimentado situaciones asimilables) encontrarse y, quizás, terminar de sanar.

Y aunque quizás no consiguió su objetivo, aprendió algo:

"Pero lo más importante que aprendí es que la división entre enfermos y sanos no existe. La frontera es difusa. [...] Desearía poder decir que desde que hice el viaje me siento completamente bien. No es así. Pero una vez que dejé de esperar volver a ser la de antes, y que aprendí a aceptar mi cuerpo y sus limitaciones... empecé a sentirme mejor. Y al final creo que ése es el truco: dejar de ver nuestra situación como binaria entre buena y mala; dejar de pensar que hay un hermoso y perfecto estado de bienestar por el que luchar, y dejar de vivir en un estado de insatisfacción constante hasta que lo alcancemos. Necesitamos encontrar maneras de vivir en ese lugar intermedio... gestionando el cuerpo y la mente que tengamos en cada momento".

Lo cual me ha recordado la idea de "Aceptación Radical" (libro escrito por Tara Branch).

Pero de eso, seguramente, te hablaré otro día.




 
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