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71 boquerones... 72 boquerones... 73 boquerones...

No es que Miguel estuviera tratando de dormir y que, por un lapsus mental, hubiese renunciado a las ovejas.

De pie junto a la mesa de trabajo metálica, Miguel giró la cabeza a su izquierda y vio todos los boquerones que le faltaban por limpiar.

Y pensó en las docenas que había limpiado el miércoles... que se unían a las que había limpiado el martes...

Resopló, y siguió.

74 boquerones... 75 boquerones...

El sueño de Miguel siempre había sido trabajar en un restaurante con estrellas Michelin. Le fascinaba el mundo de la gastronomía, veía a los cocineros famosos por la tele, y quería llegar a ser uno de ellos. Por eso cuando en la Escuela de Hostelería llegó el momento de hacer prácticas movió cielo y tierra para poder entrar como becario en uno de los restaurantes más prestigiosos de la capital.

"Miguel, piénsalo bien... quizás la cocina de un hotel sea un mejor lugar para tus prácticas", le dijo su tutor.

Pero Miguel no quería ni oir hablar de hoteles. Él lo tenía clarísimo.

Con su chaquetilla se presentó el día de su primer turno, y uno de los cocineros le indicó una caja llena de boquerones: "a limpiar".

De eso habían pasado dos semanas, y Miguel no había hecho otra cosa que limpiar boquerones.

El origen de esta historia es una conversación que tuve, precisamente, con un tutor de una Escuela de Hostelería. Hablábamos de lo distinta que es la realidad de una cocina de las fantasías con las que mucha gente (incluyendo aspirantes a cocinero como Miguel) la ve desde fuera.

La realidad, me temo, es mucho menos glamourosa que las fantasías.

Detrás de esa fachada en la que solo vemos lo bonito hay un montón de tareas rutinarias, de trabajo desagradecido, de tropiezos, de frustraciones.

Y no se puede tener lo uno sin tener lo otro.

Quizás Miguel llegue a ser un cocinero "de éxito". Pero en el camino le va a tocar limpiar muchos boquerones. 

Y a ti, sea cual sea tu aspiración, también.

PD.- La historia me recordó al documental "Jiro dreams of sushi". El valor de la artesanía, la mejora continua, la concentración en la tarea... y cómo encontrarle el gusto a limpiar los boquerones.

PD2.- Estoy contento. Mi canal de Youtube ha alcanzado los requisitos para empezar a ser monetizable... ¡Tiembla, Rubius!

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