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[La semana pasada te hablaba de distracciones. Y de la diferencia con las "tracciones"... (si no recuerdas el mail, lo puedes ver aquí)]

Estás en tu mesa, frente a tu ordenador.

Tienes una posición privilegiada, con la espalda hacia la pared, de manera que nadie puede ver lo que hay en la pantalla.

Desde fuera nadie podría saber si estás a tope de concentración, o si estás mirando vídeos de gatitos.

"Ay, qué gatito más torpe", piensas mientras te ríes para dentro al ver al gatito caerse.

De repente, por el rabillo del ojo, detectas movimiento en el pasillo que lleva a tu mesa.

Oyes pasos firmes, rítmicos, decididos.

"¡Hernández!", dice tu jefe en un tono ligeramente más alto de lo necesario. "¡Mañana quiero el informe de ventas en mi mesa a primera hora!".

"Por supuesto, jefe", dices, mientras tus ojos se ponen en blanco (mentalmente, claro, que no quieres líos).

Dichoso informe de ventas... no te puede dar más pereza. De hecho, llevas evitándolo varios días. Porque sabías que en algún momento habría que hacerlo, pero siempre había un gatito al que mirar.

Pero "mañana a primera hora" ya no da mucho margen de maniobra... así que cierras la ventana de los gatitos, abres la hoja de cálculo, y te pones con ello. Y, durante las siguientes horas, consigues no distraerte.

A la fuerza ahorcan.

Porque sí, la presión externa (en forma de "fecha de entrega", de "alguien que te vigila", de "compromiso adquirido") funciona como una "buena" herramienta contra la distracción. 

Pero he puesto "buena" entre comillas por varias razones.

La primera es que no es fácil de implementar. Necesitas un jefe tirano y opresor, que ejerza una vigilancia exhaustiva sobre ti, que sea muy consistente con su seguimiento y que tenga poder para aplicarte suficientes consecuencias negativas en caso de incumplimiento. Porque ya sabes, "cuando el gato no está los ratones hacen fiesta".

Y no es fácil (aunque puedas pensar lo contrario) encontrar gente así.

Ni deseable, en realidad.

Porque sí, conseguirás tu objetivo de "no distraerte", pero a costa de sacrificar tu autonomía, tu capacidad de decisión... y solo para cumplir unos objetivos que ni siquiera eran tuyos en primer lugar.

Los que remaban en galeras tampoco se distraían, pero estaremos de acuerdo en que no es plan.

La clave está en cómo "no distraerse" cuando no hay un jefe tirano, ni más consecuencias negativas que "no conseguir lo que tú quieres".

Cuando todo depende de ti.

Y de eso seguiremos hablando en futuras entregas.

PD.- ¡Ah, sí, la idea para regalos! Se la leí a Fernando de Córdoba (alias "Gamusino") en su twitter (@gamusino), y me pareció interesante teniendo en cuenta las fechas en las que estamos.

Se trata de que, si tienes un presupuesto para un regalo (pongamos 50€), podrías elegir entre:
a) La versión más cutre de algo que vale entre 50 y 200 euros.
b) La versión "tope de gama" de algo que vale entre 10 y 50 euros.

La recomendación es elegir siempre la b), porque dejará mucho mejor sabor de boca. Cosas del "efecto ancla" y de este cerebro nuestro que siempre está comparando.
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