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El otro día mandé un correo (si no lo viste, fue éste: https://mailchi.mp/581c95eb9a60/cuando-una-lechuga-se-estresa)

En él contaba cómo llevo una temporada un poquito "low".

Debió notarse mucho, porque fueron bastantes los mensajes que recibí de ánimo y cariño, y que de verdad agradezco.

El caso es que una de las cosas por las que pasaba estos días era esa pregunta: "¿para qué tanta reflexión, para qué tanto cultivarse uno mismo... si luego llega una mala época y te tumba?"

Pero es una pregunta trampa.

Verás, un terremoto es un terremoto. La tierra tiembla, y da igual que estés en Japón o en Afganistán... la tierra tiembla igual.

Pero el resultado no es el mismo. El mismo terremoto que arrasa un territorio afgano causando cientos de víctimas, en Japón pasa con unos cuantos daños materiales, y un puñado de heridos.

El terremoto es el mismo. Pero los efectos no.

¿Cómo me estarían afectando las circunstancias que estoy viviendo... si no estuviese "trabajado" a nivel personal? Porque sí, está teniendo efectos... ¿pero serían los mismos en otras circunstancias?

La realidad es que no lo puedo saber a ciencia cierta. No puedo hacer ese experimento y darte pruebas concluyentes.

Pero sí tengo una intuición, y es que podría ser peor. Que podría ser Afganistán en vez de Japón.

Terremotos va a haber siempre. Y siempre hay riesgo de que causen desperfectos. Que la tierra tiemble no es agradable te pongas como te pongas.

Pero los daños no son iguales.

Y el tiempo y el coste de recuperarte tampoco.

 
Copyright © 2020 Raúl Hernández González, All rights reserved.


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