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Liliana Cáceres.

Seguramente ese nombre no te diga nada.

A mí, desde luego, no me lo decía hasta hace unos días cuando conocí su historia, que se remonta a finales del siglo pasado.

Liliana era una chiquilla. Que tenía un novio. Y a la que el novio la iba a dejar.

Y como Liliana no quería que el novio la dejara... se inventó un embarazo.

Pero no un embarazo cualquiera, no. 

Poco a poco se empezó a crear una barriga falsa, a base de trapos. Pero una barriga enorme, gigantesca. Puedes buscar imágenes en internet, y verás. La prensa del momento especulaba con el número de bebés que albergaba esa barriga.

¿Ocho?

¿Nueve? 

¡Tremenda barrigota!

¿Cómo es que esa chiquilla mantuvo el show sin que el novio, ni la familia del novio, le pidiese nunca "verle la barriga"? ¿Cómo consiguió vivir un "embarazo" así sin visitar nunca a un médico?

Es igual, las historias viven de la suspensión de la incredulidad... 

El caso es que, por mucho que consiguiese mantener su coartada... es evidente que eso no podía durar. Que tenía fecha de caducidad. Que tarde o temprano se iba a descubrir el pastel.

Y si el novio ya la iba a dejar antes del embarazo... imagínate lo que pensaría de ella después de descubrir el montón de trapos.

Pues eso.

Y fíjate tú cuántas veces nos empeñamos en ponernos "barrigas de trapo" como Liliana. 

Queremos gustarle a alguien (una potencial pareja, un potencial empleador, un jefe, los suscriptores de la newsletter...). Y como nos parece que no somos suficientes tal y como somos... nos inventamos un personaje con la esperanza de que así sí podamos atraer y retener su atención (y su cariño, su amor, su salario, sus likes...)

Y claro, barrigas de trapo no. Pero fingir ser más simpático, o más interesante, o más guapo, o tener más títulos o experiencia de la que uno tiene, o exagerar los éxitos que has cosechado y a la vez esconder bajo la alfombra tus puntos débiles, o aparentar tener más dinero del que realmente tienes...

Lo que pasa es que, como dice el refrán, "se pilla antes a un mentiroso que a un cojo". 

Y llega un día en el que no puedes mantener la ficción, porque es imposible engañar a todos todo el tiempo.

Y se te acaba cayendo al suelo la barriga de trapos.

Y cualquier posibilidad que tuvieras se esfuma, porque a nadie le gusta que le tomen el pelo.

Empeñarse en ser quien no eres para gustarle a alguien... es una mala estrategia que tarde o temprano te explota en la cara. 

Es mejor centrarse en ser quien eres (¡tu mejor versión!), aceptar con deportividad que no le vas a gustar a todo el mundo... y buscar a quien sí.
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