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No sé si conoces Salamanca.

Salamanca es la ciudad donde nací, es Patrimonio de la Humanidad y, para qué te voy a engañar, un lugar del que me encanta presumir.

La única pena que tengo es que, por haber nacido allí y haberla disfrutado desde pequeñito, no soy capaz de verla "como si fuera la primera vez". Un privilegio que solo los de fuera tienen.

Hay un montón de rincones preciosos en Salamanca, y hoy te voy a hablar de uno en particular.

La Clerecía es una iglesia imponente, sede de la Universidad Pontificia de Salamanca. En cualquier sitio sería una más que digna Catedral... pero en Salamanca nos sobran catedrales.

Las escaleras de la Clerecía ofrecen un lugar de descanso a los turistas (especialmente en el calor del verano), con vistas a la famosa Casa de las Conchas. 

Allí, en aquel rinconcito, solía tocar cuando yo era más joven un grupo de músicos al que daba gusto escuchar.

Había una guitarra, un cello, una flauta. Quizás un violín, aunque no sé si la memoria ya me empieza a jugar malas pasadas. El caso es que sonaban de maravilla. ¿Te imaginas lo que es estar allí, rodeado de tanta belleza monumental, de tanta paz, y con aquellas melodías delicadas de banda sonora?

Los músicos tocaban gratis, para disfrute de todo el que pasase por allí.

Frente a ellos había una funda de guitarra abierta, y hasta allí se acercaban algunos de los asistentes a depositar alguna que otra moneda.

Yo mismo me recuerdo rebuscando en mis bolsillos para sacar algo que echarles. Al fin y al cabo, aquel rato delicioso que me habían hecho pasar bien valía una modesta contribución.

Pues yo voy a hacer como aquellos músicos.

Desde hace unos días, si disfrutas con lo que hago, puedes dejarme unas moneditas (lo que sería "invitarme a un café" - o a varios, si tú quieres) en ko-fi.com. Tan sencillo como entrar en la página, darle al botón "Support", y utilizar tu cuenta de paypal (que también permite tarjeta de crédito).

Yo, igual que los músicos de la Clerecía, voy a seguir tocando igual para todo el mundo. Pero, igual que ellos, te dedicaré una sonrisa extra al acercarte a la funda de la guitarra.

Que siga la música.
 
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