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El otro día tuve una pequeña discusión con mi mujer (que espero me perdone por ventilarla en público :D).

Verás, había pasado algo con la niña, ella había actuado de una manera que a mí no me había parecido bien, y se lo dije.

No le gustó.

- "Igual tienes razón, pero..."

- "No", le dije. "Si crees que tengo razón, ahórrate el 'pero'".

- "Pero es que..."

- "Que no. Que no hay 'peros'".

Todo el mundo sabe que lo que se dice antes de un "pero" no cuenta. 

"Te entiendo, pero...",  "me gustas mucho, pero...", "has hecho un excelente trabajo, pero...", "me encantaría ayudarte, pero..."

Cuando añades un "pero", estás matando la primera parte del mensaje. Lo que transmites es que no es importante. Que es un trámite, una cortesía, una concesión. "Si, si, lo que tú digas, pero vamos al tema que de verdad importa".

Porque crees que lo que realmente importa es lo que tú tienes que decir.

Lo que va después del "pero".

Y lo que recibe tu interlocutor es que esa primera parte (donde le das la razón, donde le reconoces, donde aprecias su punto de vista...) es secundario, prescindible.

Por lo tanto, si hay un "entiendo lo que dices", si hay un "tienes razón", si hay un "me gustas"... si lo dices de verdad... dale espacio, dale protagonismo.

Deja que cale, deja que tu interlocutor lo reciba.

No te apresures a ahogarlo con un "pero"
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Lo cierto es que después de este intercambio, mi mujer se quedó con mala cara.

"Es que no me has dejado expresarme", "es que no he podido dar mi punto de vista".

Y es verdad.

Al cortarle el "pero", ella sintió que le estaba impidiendo dar sus argumentos. Y obviamente ése no es el objetivo. Porque lo que va después del "pero" TAMBIÉN es importante, y TAMBIÉN necesita su espacio.

De lo que se trata es de encontrar ese espacio sin necesidad de quitárselo a la primera parte de la frase.

¿Cómo hacerlo?

Pues siguiendo el ejemplo de nuestra conversación, mi mujer podría haber dicho algo así como:

- "Igual tienes razón. Entiendo lo que dices. Si yo me hubiera visto en esa situación, también me habría sentido mal. Creo que lo que hice estuvo un poco fuera de lugar ¿Cómo crees que debería haber actuado? La verdad es que me sirve de mucho tu punto de vista. Trataré de tener más cuidado la próxima vez.".

Y pasamos un rato hablando de esta parte.

¿Te das cuenta?

Aquí no hay "peros". No hay prisa. No hay trámite. No hay atropello.

Lo que hay es toda una conversación completa en la que el foco está de verdad en esa primera parte de la frase original. No hay urgencia en "pasar a lo importante", porque esto también es importante.

Hay tiempo, hay espacio.

Y después, cuando esta parte de la conversación se ha cerrado (incluso en otro momento del día, para separarlas más), se puede pasar a la otra:

- "Hay algo que me gustaría expresar también, que creo que explica parte de mi comportamiento. Verás, me frustra decir las cosas veinte veces, y es que ya llueve sobre mojado. Además esta noche he dormido mal y no estaba de muy buen humor. Me gustaría que..."

Y entonces podemos pasar otro rato hablando de esa otra parte.

¿Ves? En vez de meter en una única frase las dos conversaciones ("tienes razón, pero..."), lo que haces es crear espacio para las dos conversaciones. Para la de "tienes razón" y para la de "quiero compartir mi punto de vista".

Como yo he sentido que se me ha dado espacio en la primera, voy a estar más receptivo en la segunda. Porque no siento que sea una a costa de la otra.

Las dos son importantes, las dos son válidas.

Es cuestión de hacerlo sin que una se coma a la otra, y sin que la otra invalide a la una.

Sin "peros" que valgan.
Copyright © 2020 Raúl Hernández González, All rights reserved.


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