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"Por cierto, así aportando feedback positivo, no sabes lo que me ha servido la sesión de resolución de conflictos que nos disteis el año pasado a algunas personas"

Esto me lo decía Elena, a través del chat.

Han pasado ya meses desde que tuvimos "aquella sesión de resolución de conflictos". Y se ve que le resultó útil.

A decir verdad, fue una sesión improvisada. Resulta que en un equipo de trabajo había ciertas tensiones:

"Yo creía que...", "Tú dijiste que..." "Ya estamos con lo de siempre..."

Esas cositas que pasan cuando uno trabaja en equipo.

Mira, que haya conflictos en un equipo es lo normal. O sea, si aspiras a que tu vida profesional (y personal, ya que estamos) se desarrolle sin conflictos, lo llevas claro.

Lo que es importante es cómo se gestionan los conflictos.

En aquella ocasión, junté al equipo. "Vamos a trabajar sobre este tema; y lo vamos a hacer con calma y con método, ¿os parece?"

Les pareció.

Les conté al ABC de la comunicación no violenta (puedes leer más sobre comunicación no violenta en mi blog). Les pinté un esquemita en la pizarra. Y lo que hicimos fue pasar de la teoría a la práctica. Paso a paso.

Con calma.

Con método.

No te diré que acabó todo con besos y abrazos, porque sería exagerar. Y porque tampoco hace falta. Basta con dejar las cosas claras, resolver los malos entendidos y establecer los compromisos necesarios para que no vuelva a suceder.

Y luego cada uno a lo suyo.

Se ve que estuvo bien, porque han pasado estos meses y Elena lo sigue recordando.

Seguro que sigue encontrándose conflictos.

Pero ahora tiene mejores herramientas para afrontarlos.

Si tú también quieres trabajar tus habilidades en gestión de conflictos, te puedo servir de ayuda.

 
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